Pero es ahora, próxima a la mayoría de edad, cuándo, amargamente, me doy cuenta de cómo pasa el tiempo: fugaz en los buenos momentos, pero, sin embargo, viscosamente, casi pegajoso, en los no tan buenos.
Tirito, me ahogo, creo desfallecer, y todo se nubla...
Siento como decenas de martillos golpean con fuerza mi cabeza -buff...-
Observo desde mi ventana el cielo, está salpicado de diversos tonalidades: fríos azules y grises se corrompen, dando paso al violeta, morado y negro. Las nubes se deslizan con altivez por encima de mí, dandome a entender que todo fluye. Futuro se convierte en Presente y Pasado.
¿Quién dijo aquello de "el tiempo lo arregla todo"? -Por favor... seguro que un Nobel no se llevaría...-
El mismo recuerdo siempre sigue resbalando por mi memoria...
¿Todo nos ocurre porque nos ha sido conferido así?
¿Destino? -No creo en Él...-
Porque, quizá, si lo dejamos pasar, la impotencia nos invada y nos amargue para siempre.
Tal vez... si nos regodeamos en nuestro dolor, si pasivamente lo vemos frente nosotros, sea tarde para cambiarlo, probablemente el tiempo de actuar haya pasado, y... entonces... ¿Qué nos queda?
Anaïs: mmm... no, no me convence, creo que hacen falta más guirlandas. -Se aparta un poco hacia atrás para tener una mejor perspectiva sobre el abeto-. Si, le faltan más.
Isaak: algunas más en la parte de abajo.
Anaïs: ¿Qué tal ahora?- se aparta hacia atrás el flequillo que le cae sobre los ojos.
Isaak: bellísima, como siempre.
La luz del fuego en el hogar se colaba en su cabello castaño, proporcionando destellos ígneos que aumentaban la belleza de su rostro.
Anaïs: ¡Bobo! ¡El árbol! -con una gran sonrisa en la cara.
Isaak: ¡Ah! Pues muy bonito, si... pero... me gusta más... eso.- dirigiendo su mirada hacia detrás de la chica, por encima de su hombro.
Anaïs: ¿El qué?- girándose para ver lo que había detrás de ella.
Isaak: Tú...-llegando hasta ella mientras estaba de espaldas.
Lo sintió, sintió su calor en su espalda y no pudo evitar emitir un suspiro y que su piel se erizase. Se giró y levantó la vista hacia su cara, y como si de un imán se tratara, se perdió en sus ojos verdes que se clavaban en los de ella color miel.
Ambos se fundieron en un tierno y cálido beso.
Se besaron hasta olvidarse de sí mismos, hasta abandonar sus cuerpos para fundirse en uno solo.