miércoles, 13 de julio de 2011

soles



Aspiraba amaneceres, suspiraba ocasos.

Coco adoraba las tardes al sol. Las de quedarse a dos centímetros del precipicio de sus labios y despeñarse por el enhiesto acantilado de su cuello.
Le encantaba dorarse con su propia luz, la que desprendía Leo. Fuerte y tímida a la vez, como miles de candelas de titilante llama, manteniendo una rítmica oscilación entre carnes morenas y vello dorado que siempre conseguía  hipnotizarla. A veces se dejaba abandonar al balanceo de sus brazos entre mareas de agua con cloro y espuma artificial. Y a cada broma, Coco se reía con una risa fácil que salía a borbotones de su boca, llenándolo todo de clima cálido y apacible. Era como si se hubiera metido bolitas de algodón en la boca, y entonces los carrillos se le hinchaban, rellenando los hoyuelos que solían salirle. A Leo, esos carrillos, esas carnes y esa boca le sacudían los nervios y las nalgas, revitalizándole la vida por dentro y por fuera.

sábado, 9 de julio de 2011



Un escalofrío le sacudía todo el cuerpo y le asaba las ingles cada vez que cepillaba aquel pelo moreno de interminables ondas cuyo fin se alargaba hasta donde la espalda pierde su nombre. A Mario le gustaba hundir los dedos allí, provocando un tenue olor fresco emanando de su cabellera, que luego aspiraba y le aturdía. Y era también curiosa su reacción. La oía tragar saliva, no sin esfuerzo, y acelerar el movimiento acompasado de su respiración y su pecho, apretar los muslos y entrecerrar los ojos.

jueves, 30 de junio de 2011

brezza



En aquella terraza de un pueblecito de la costa italiana olía a azahar y a brisa marina, y se había creado un ambiente fresco que invitaba a vivir la noche veraniega, a perderse y a olvidarse en sí mismos. Ambos se balanceaban al compás de esa canción. Ella le cantaba al oído con un acento inventado que a él le encantaba, rozando de vez en cuando el lóbulo de su oreja, lo que hacía que él trastabillase de vez en cuando.
-Ho sbagliato tante volte ormai...

Mantenían un vaivén de derecha a izquierda y viceversa, más rápido y más lento, pero siempre cerquita el pecho de uno con los de la otra, regalando en el descenso de las manos una caricia a cada centímetro de piel descubierta. Y ahí estaba: el vello de punta, despertado por los dedos traviesos.
Habían estado recorriendo aquellas calles de casas con paredes de cal blanca, hablando de cualquier tema banal, cogidos de la mano y regalándose un beso furtivo en cada portal.

-Amor, nos está mirando una mujer desde ese balcón y por su cara creo que nos puede tirar una jarra de agua fría.
-Bah, déjala, ¿no le ves la carita de amargada? Ya lleva los rulos puestos.
-La pobre se va a escandalizar...
-Qué va, ahora verás. ¡Signoooora, allare a letto!.
-jajaja.. ¡ssssh! ¡calla! jajaja... ¡serás loco!
- jajaja Sí, loco, pero tu loco.
-No sabía yo que hablabas italiano- con una de sus cejas elevada.
-Ni yo, ni yo- mirándola divertido.

Habían visitado los puestos de artesanías y comprado sendos sombreros de alas a un vendedor de la calle. Uno de ellos llevaba una rosa roja; él se las había ingeniado para robarla de una jardinera y se la había colocado allí como un regalo, -una flor para...- lo siguiente lo dijo al oído, provocándole una amplia sonrisa.

Poco a poco se iban quedando solos en el lugar, el cielo se estaba aclarando, y las estrellas desaparecían gradualmente. Lo que quedaba de la noche les deparaba vueltas y más vueltas, piernas entrecruzadas y sábanas enredadas. Azúcar, Sambuca, sudor y sal.

viernes, 17 de junio de 2011

pepinos

 Tenía un pescuezo limpio que se dejaba ver cuando no llevaba el pelo demasiado largo. Y ella se moría de ganas de probarlo. Paulita iba de inocente, poniéndole ojillos, pero no. En el fondo de ella se escondían unas intenciones perversas, como esas de deslizar la mano por dentro de su camiseta y que después la piel se le erizase.

Quería bailarle todas las aguas del mundo, dulces, muy dulces. 

lunes, 30 de mayo de 2011

chaos

Podría hacer una tesis, una de relaciones. Y que conste que lo tengo comprobado. ¡Y tan comprobado! Yo diría que es un método empírico, casi científico, aunque de locos.
Veréis, el problema de algunas relaciones -cualquiera que implique algo de cariño- es dar todo por sentado, confiar todo en esa persona y pensar en estar cerca eternamente. Costaría volver a hacerlo: han sido ya demasiadas personas.
De hecho, hay personas que van un tiempo tan paralelas, que al final tienen que ser perpendiculares: chocan con la realidad -o algo ajeno choca contra ellas- y ya no hay vuelta atrás. Se dan de bruces y se convierten en un baile de máscaras, de miradas furtivas y de pobres conversaciones banales.
Luego hay otras, unas que saben lo que ocurre en su mente, y casi también en la de la otra persona, y ambas coinciden, pero no se atreven a decirlo. Son demasiado orgullosas, o miedosas, para decírselo. Y entonces se enquistan; se convierten en horribles verrugas, pero de las peores, de esas púrpura con pelillos.